¿Algún jeque en la sala?

PARECE QUE A MESSI LE CUESTA VERBALIZAR QUE SE VA.

Este inacabable 2020 todavía tiene guardadas en el bolsillo alguna carta del futuro culé, inesperada hace tan solo unos meses, y es que Messi quiere abandonar el club. No se atreve a manifestar “Quiero irme” porque mancharía su imagen con una afición que lo idolatra. De hecho, no se atreve a manifestar nada desde el 2-8 del Bayern: ni una aparición, ni un gesto, ni un guiño a los seguidores, ni una foto en su instagram, nada…  Francamente desalentador. 

Y mejor que el “quiero irme” es el “no veo claro mi futuro en el club” a Koeman, expresión sinónima a la astronómica cantidad que implica su cláusula. El argentino quiere irse del Barça porque ha perdido la ilusión. Y cuando pierdes la confianza y la ilusión te quedas solo en el camino; especialmente porque sus lazos en el vestuario tienen mínimas perspectivas continuístas.

Aunque al Presidente le queda una penúltima jugada para dar un paso de buena voluntad: ofrecerle ahora, por el mismo precio que el actual, una renovación al argentino; es decir, que sea el futbolista quien decida, y no la Junta. Y Messi está deseando marcharse, sabedor que a Koeman no le va a poder meter mano como hizo con Setién, o Valverde, o Luis Enrique y que las influencias con sus amigos del vestuario serán mínimas porque la mitad marcharán.  Si de todos es aceptado que en el vestuario mandan los futbolistas, y en el del Barça Messi, debe por tanto ser el primer señalado para abandonar la nave. Si el fracaso es de Bartomeu, también lo debe ser del argentino, cuya silueta ha aparecido andando en París, Turín, Roma, Liverpool o Lisboa.

Es cierto que cuando el público vuelva al Camp Nou cada partido puede sumar una pañolada para Bartomeu; pero ojo, también para Messi si el Koeman-team no funciona. Que el argentino se crea por encima de un club que se autodenomina ‘más que un club’ es una pirueta demasiado arriesgada, máxime cuando el Barça se ha gastado un fortunón en los últimos cinco años sin recompensa alguna.

Todos sabemos que cuando un futbolista quiere marcharse de un club acaba marchándose. Así que Messi tiene la palabra, y posiblemente su padre el teléfono de algún jeque que se líe la manta a la cabeza.

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